
Santo Palato
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El relato de nuestra visita
Fuimos al Santo Palato básicamente porque la carbonara aparece en todos los rankings de Roma. Caro, sí, pero había que probarla. Solo que después nos sorprendió todo lo demás.
Empecemos por la albóndiga de rabo a la vaccinara con cacao. Brutal. Todos hablan de ella en las reseñas y tienen razón, porque es realmente genial. Sabores que no esperas pero funcionan de maravilla. También pedimos una bruschetta de tomate y queso del menú del día, nombre banal pero sorpresa total: tomatitos guisados aromatizados con primo sale, mucho más interesante de lo que suena.
La carbonara luego. Media manga, como siempre debería ser, súper cremosa y panceta abundante. Pero bueno, la panceta hubiéramos querido sentirla más crujiente. Es excelente eh, si es LA mejor de Roma, bueno, se puede discutir. La amatriciana en cambio meh, buena pero normal. El único plato que podría encontrar igual en otros 100 sitios.
El maritozzo servido caliente con mucha crema hizo feliz a mi mujer que es muy exigente. Solo que tenía un color grisáceo un poco triste de ver, aunque el sabor estaba todo ahí.
Al final 29 euros por persona. Para una trattoria no es poco, pero por cómo comimos está bien. Se siente que detrás de cada plato hay estudio y ganas de hacer algo diferente, sin volverse complicado. Verdadera romanidad.
Seguro que volvemos, quizás probando otros platos de la pizarra.
Fotos del local
Fotos de los platos
Fotos del menú
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