
Osteria Fratelli Mori
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Otros platos
Otros platos
El relato de nuestra visita
Llegamos casi por casualidad, el local desde fuera prometía bien. Dentro es efectivamente grande, dividido en varias salas con un aire rústico-industrial. Más restaurante que ostería, tanto por la atmósfera como por la clientela.
Empecemos por la decepción: carbonara y amatriciana definitivamente no. Guancial blando, nada crujiente, y además demasiado salado. Pero el problema real es el pecorino, prácticamente ausente. En la carbonara la cremita salía demasiado líquida, sin carácter. ¿Pimienta? Imperceptible. Te dan solo rigatoni, fin de la historia. Mi mujer generosa le dio un 7, yo un 6 y medio estirado. Para estar en Roma, con estos platos no se juega.
Los entrantes sin embargo se salvan. Albóndigas de cola a la amatriciana con salsa picante buenas, nada que objetar. Las flores de calabacín rellenas de taleggio empiezan bien: rebozado suave, el primero te parte, el segundo igual. Solo que a partir del tercero empiezan a pesar, sin la anchoa dentro se vuelven un poco secas si te pasas.
Ah, el tiramisú. Siete euros por un postre demasiado dulce, sin esa nota amarga ni del café ni del cacao. Meh.
27 euros por persona no son poco, especialmente considerando que los primeros —que deberían ser su fuerte— eran simplemente mediocres.
Digamos que hay lugares mejores en Roma para una carbonara como debe ser.
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