
Nannarella
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El relato de nuestra visita
Llegamos a comer temprano, tuvimos suerte porque no teníamos reserva. Menos mal, cuando salimos ya había cola afuera. Lo típico de Trastevere.
Empezamos con una cesta de supplì en miniatura, esos pequeños con distintos sabores. La idea nos gustó para probar un poco de todo a la romana, la fritura estaba bien hecha. Pero bueno, al final solo la croqueta de papas valía realmente la pena, los otros (amatriciana, cacio e pepe, ragù) eran bastante mediocres.
La carbonara de mi marido estaba bien pero el guanciale no estaba crujiente como debe ser, y la cremina tiraba demasiado al pecorino. ¿El pimienta? Bah, no la sentí mucho. De todas formas se comía bien eh. Yo pedí tonnarello con almejas, pecorino y tomate pachino que en la carta parecía interesante. Pero ninguno de los tres ingredientes se notaba realmente. Resultado: un plato un poco soso, en fin. Las porciones generosas, eso sí, servidas en ollas de acero que tienen todo el toque de trattoria romana.
El tiramisú expresó al final era bonito, crema hecha en el momento con galletas Gentilini. Bueno. Solo que está en un vaso alto y estrecho y el amargo del café lo sientes solo al fondo, lástima.
El local es lo que esperas: histórico, atmósfera romana de verdad, lleno de turistas. El servicio rápido y amable, nada que objetar.
Por 21 euros por persona está bien. Si eres turista te digo que vayas, es el lugar indicado. Si eres romano como nosotros, solo si no hay demasiada cola que hacer.
Fotos del local
Fotos de los platos
Fotos del menú
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